Pensar con los más pequeños

El desafío de observar y reflexionar


Pensar es un proceso fundamental en el desarrollo del ser humano y es la vía para comprender y aprender. Sin embargo, con niños el camino a veces se ve algo complejo ya que nos cuesta sacarlos de su egocentrismo y pensamiento concreto. Además como papás tendemos a limitar nuestras conversaciones con ellos a asuntos funcionales. Imaginemos que tenemos una balanza, en un lado ponemos todas las conversaciones del tipo: “ponte los zapatos”, “tráeme la cartera”, “¿Te gustó la comida?”, “¿Cuál prefieres?”. Al otro lado de la balanza ponemos aquellas conversaciones del tipo: “¿Por qué crees que pasó?”, “¿Qué piensas sobre lo que pasó?”, “¿Cómo supiste que esa era la respuesta correcta?”, probablemente se inclina más hacia el primer lado ¿o no?

Para que los niños puedan desarrollar su pensamiento es necesario crear un ambiente que lo propicie, y esto se genera valorando el pensamiento y creando oportunidades para pensar: comparar, inferir, analizar y explicar.

Detenerse a observar

Invita a tu hijo a observar lo que lo rodea. Las personas solemos dar opiniones muy rápido sin detenernos a mirar (oler o escuchar) el panorama completo o encontrar los detalles que a veces pueden hacer la diferencia, así que ayudarlo a bajar la velocidad para mirar puede ser un excelente punto de partida.

  • Observar colores
  • Observar formas
  • Observar detalles y elementos

Pensar, opinar, imaginar

Conversa con tu hijo sobre qué opinan sobre la película que vieron, algo que sucedió en el colegio o la canción que están escuchando camino a la casa, invítalo a imaginar qué habrá detrás de una puerta o de qué se tratará el libro que van a leer al mirar su portada. Invítalo a explicar a sus respuestas, una excelente pregunta que podemos utilizar es: ¿Qué te hace decir eso? Se paciente, puede que se demore en responder pero es muy importante que haga el ejercicio de fundamentar sus planteamientos, esto le ayudará a hacer conexiones entre temas y utilizar sus observaciones para apoyarse.

 Hazle preguntas abiertas

Con los niños tendemos a usar preguntas cerradas que requieren de respuestas simples y rápidas como: ¿De quien es este nombre?: “Mío”, ¿Cuál es tu fruta favorita?: “La pera”. Pero hay otras, las preguntas abiertas o no estructuradas, que requieren elaborar y pensar más las respuestas:

  • ¿Cómo supiste que ese era tu nombre?, cuya respuesta implica acudir a sus conocimientos.
  • ¿Por qué te gusta la pera?, que requiere fundamentar y explicar sus preferencias.
  • ¿Dónde más has visto formas como estas? Donde deberá hacer conexiones entre conocimientos previos y nuevos.

Incentiva a tu hijo preguntarse sobre el mundo que lo rodea

Promueve su curiosidad invitándolo a plantearse preguntas sobre lo que ve. En el camino del aprendizaje las preguntas son incluso más valiosas que las mismas respuestas, ya que son el motor para seguir buscando. Para esto, es muy importante que tu actúes como modelo, hazte preguntas en voz alta como:

  • “Me pregunto cómo funciona esa máquina”, “Me pregunto si la niña de la foto tiene mamá”, etc.
  • “¿Te preguntas algo sobre eso?”

El pensamiento crítico es una habilidad que acompañará a tu hijo toda la vida y que podrá ocupar en casi todos los aspectos de su vida. Este proceso se debe dar en un marco de respeto y confianza donde las preguntas, respuestas e ideas deben ser valoradas y apreciadas sin importar si son correctas o no.

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