Lo que nos dicen las Neurociencias

El valor de AprenderJuntos


 Es común escuchar decir que los primeros años son cruciales en la vida de las personas y hoy contamos con la evidencia científica que lo confirma y además derriba ciertos mitos y creencias populares. Pero más allá de los datos, las bases para un desarrollo sano e integral está alojado en las interacciones positivas y las oportunidades que como cuidadores primarios podamos ofrecerles a nuestros niños. Conversamos sobre el tema con Carolina Caffarena, Educadora de Párvulos y Máster en Neurociencias en Educación, y esto fue lo que nos contó.

Con los avances de las neurociencias y el surgimiento de la neuroeducación, se ha podido demostrar muchos de los procesos que ocurren en nuestro cerebro y que antes la psicología sólo podía explicar en términos conductuales. Por ejemplo, se creía que dejar llorar a un bebé le enseñaría a “comportarse” de acuerdo a lo que se espera de él; sin embargo las neurociencias nos han demostrado que en caso de llantos excesivos, el nivel de hormona del stress liberado es tan alto que los niños pueden hasta vomitar y dormirse para poder controlar el nivel hormonal. Los niños pequeños aprenden a calmarse cuando tienen la experiencia de ser calmados y no cuando son “abandonados” por sus cuidadores para que aprendan a calmarse solos o solas.

¿Por qué es importante ocuparse del desarrollo de un niño(a) para potenciar su cerebro?

Hay muchas investigaciones que demuestran que si bien tenemos un cerebro que se expresa en nuestras conductas, también las experiencias que se viven a temprana edad modifican las conexiones neuronales existentes, haciéndolas más complejas. La etapa pre-natal y los primeros años de vida son el período donde estas conexiones neuronales se desarrollan con mayor rapidez. Padres sanos y comprometidos son el mejor elemento para alcanzar el máximo potencial de nuestro cerebro. Exponer a los niños a experiencias de juego, lectura, conversaciones permanentes, exploración sensorial y posibilidad de interacción con pares son indispensables durante los primeros 3 años de vida (y en adelante) tanto para el desarrollo personal como para aprender los códigos sociales necesarios para interactuar con otros. Hay muchos estudios que muestran que en ciertos problemas de desarrollo, las intervenciones a corta edad pueden revertir esta situación dada la plasticidad del cerebro y su capacidad de adaptarse al medio.

Cuáles son los períodos más sensibles en el desarrollo

Las neurociencias han ido demostrando que los 3 primeros años de vida son muy relevantes, pero que también hay períodos sensibles en años posteriores e incluso en la adolescencia donde nuestro cerebro realiza una nueva “poda neuronal” para dar paso a nuevas conexiones y aprendizajes que se adquieren por primera vez. Un ejemplo de esto es la adquisición de la segunda lengua. Niños menores de 8 o 9 años expuestos a un segundo idioma (al cambiarse de país por ejemplo) logran una precisión prácticamente nativa en todas las habilidades. Posterior a eso, la pronunciación y la gramática son los dos aspectos que quizás no alcanzará ese nivel, pero sí lo pueden alcanzar la habilidad de escuchar y el vocabulario. Y esto a cualquier edad, lo que nos demuestra cuán plástico nuestro cerebro puede llegar a ser.

Es muy importante comprender que todas las oportunidades que podamos ofrecer a nuestros niños y niñas son necesarias para potenciarlos en su desarrollo y favorecer las conexiones neuronales. Sin duda, en esto el amor es el eje principal ya que es la base para poder desarrollarse saludablemente.

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